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10 COSAS

10 cosas que me han hecho feliz este mes | Marzo

Este artículo sobre mis 10 cosas del mes de marzo es diferente a los anteriores. No hay cafeterías, restaurantes o lugares que visitar. Hay momentos sencillos, rutinas, detalles del día a día que me han hecho feliz.

Esta situación de confinamiento obligatorio en casa nos brinda la ocasión perfecta para reflexionar sobre las pequeñas cosas que nos sacan una sonrisa cada día. Cosas que valorar y por las que estar agradecidos. La vida va muy rápido, la rutina nos engulle y perdemos consciencia de todo lo que tenemos, que es mucho. Aprovechemos este tiempo para mirar hacia dentro, reflexionar, conocernos, preguntarnos qué queremos y qué no, quién suma y quién resta en nuestra vida; para valorar todo lo bueno que hay en ella y, sobre todo, para ser conscientes de que estamos aquí de paso y de que de nosotros, solo de nosotros, depende hacer todo lo posible para que el viaje sea lo más feliz posible.

 

 

 

Fuente: Austin Ban on Unsplash

20h. Los balcones de los edificios se llenan para aplaudir a los sanitarios. También a los trabajadores esenciales que no han dejado ni un día de trabajar para los demás. Salimos a nuestros balcones con una sonrisa, saludando a esas personas que llevan compartiendo calle contigo durante años, o quizá toda la vida, y ni siquiera les ponías cara. Ahora los ves cada día, les saludas, te alegras de que estén ahí, al otro lado. Aplaudimos con fuerza. Nos vemos. Nos miramos y nos vemos. Atrás quedaron esos días de asomarse al balcón, ver al vecino, ignorarle y seguir con lo tuyo. Ahora nos alegramos de vernos. Estamos cerca, muy cerca, pero a la vez más lejos que nunca porque, aunque quisiéramos, no podríamos tocarnos. Pero no importa porque, aún así, nunca estuvimos tan cerca.

En el edificio de enfrente, en la misma planta, vive un señor mayor al que veo a diario. Su balcón está enfrente de la ventana donde trabajo. Es un hombre muy activo y vital pese a su avanzada edad que, calculo, rondará los ochenta. Cada mañana le veo abrir las ventanas y tomar el sol en su balcón con uno de sus libros. Su aspecto es algo tosco, el de un hombre serio, solitario. Cuando todo esto estalló no pude evitar pensar en él al ver que no acudía a la cita de las 20h. ¿Estaría bien? ¿Se habría ido a casa de alguno de sus familiares?

Un lunes cualquiera, cuando ya daba por hecho que no estaba, salió a aplaudir con su habitual expresión seria. Me alegré muchísimo al ver que estaba bien y se animaba a unirse al aplauso. Le sonreí y le saludé desde mi terraza, para mi sorpresa, su característico gesto serio y cejudo se transformó en una enorme sonrisa acompañada de un saludo muy efusivo. No pude evitar emocionarme. Acto seguido, miró a su alrededor y siguió saludando al resto de plantas y edificios con la misma sonrisa. Desde entonces, se ha convertido en rutina. Cada tarde, a las 20h, mi querido vecino sale a su balcón con una sonrisa enorme, aplaude enérgicamente y saluda a todos al llegar y al marcharse y, a mí, aunque nunca hayamos cruzado una palabra, me hace feliz verle feliz.

 

 

 

‘Nighthawks’ de Edward Hopper’s  (1942)

El pasado 19 de marzo, el diario neoyorkino The New York Times publicó «How to be lonely» (Cómo estar solo), un artículo de opinión de la escritora británica Olivia Laing. En él, la autora de «La ciudad solitaria. Aventuras en el arte de estar solo» (Capitán Swing, 2017) expone las bondades de la soledad en pleno confinamiento. Os recomiendo muchísimo su lectura. Esta es mi parte favorita:

«Love is not just conveyed by touch. It moves between strangers; it travels through objects and words in books. There are so many things available to sustain us now, and though it sounds counterintuitive to say, loneliness is one of them. The weird gift of loneliness is that it grounds us in our common humanity. Other people have been afraid, waited, listened for news. Other people have survived. The whole world is in the same boat. However frightened we may feel, we have never been less alone»

«El amor no se transmite solo por el tacto. Se mueve entre extraños; viaja a través de objetos y palabras en los libros. Hay tantas cosas disponibles para sostenernos ahora, y aunque suene contradictorio decirlo, la soledad es una de ellas. El extraño don de la soledad es que nos basa en nuestra humanidad común. Otras personas han tenido miedo, han esperado, han escuchado noticias. Otras personas han sobrevivido. El mundo entero está en el mismo barco. Por muy asustados que nos sintamos, nunca hemos estado menos solos»

 

Another day, another story‘, de Pascal Campion

Descubrí a Pascal Campion por ‘Twilight Avenue‘, la ilustración que fue portada de la revista The New Yorker en diciembre de 2019. Me encantó su forma de plasmar sobre el papel escenas cotidianas. La delicadeza, la belleza e incluso la nostalgia que se atisba en ellas. ‘Another day, another story‘ es una de sus últimas ilustraciones y una de mis favoritas desde que fue publicada a mediados del mes de marzo, en pleno confinamiento. Muestra la vida tras las ventanas de un edificio. Las diferentes historias que componen ese microcosmos de un edificio cualquiera. El que la mira, ejerce de Jeff, protagonista de ‘La ventana indiscreta‘, el clásico de Hitchcock, observando la vida que hay detrás de cada una de esas ventanas. ¿Quién no lo ha hecho alguna vez?

Su debut en el prestigioso magazine neoyorkino se produjo en enero de 2019 con ‘Big City‘, a la que siguió ‘Love Interest‘ a las pocas semanas. Su última colaboración ha sido en abril, mes en el que ha ilustrado otra de sus portadas con ‘Lifeline‘, en la que plasma la situación de los ‘riders’ durante la crisis sanitaria provocada por la COVID-19. Un colectivo con condiciones laborales muy precarias que ha continuado trabajando en los momentos en los que la actividad laboral se paró por completo.

Os animo a conocer su trabajo. Podéis hacerlo en su cuenta de Instagram, en su blog personal y en su perfil en Tumblr.

 

Sony Pictures Classics

Call me by your name‘ es una de mis películas favoritas. La vi por primera vez hace unos meses y una noche de marzo decidí volver a verla. Me encanta ver dos, e incluso tres veces las películas con las que he disfrutado. Al igual que sucede con los libros, percibes muchos detalles que la primera vez pasaron desapercibidos. La historia de amor de Elio (Timothée Chalamet) y Oliver (Armie Hammer) es de esas que dejan huella. La intensidad del amor adolescente. La incertidumbre de los inicios. Las primeras veces. El transcurso del tiempo. Dejarse llevar. Correr el riesgo de enamorarse. Y todo ello con un verano en el norte de Italia como telón de fondo.

Una de las mejores escenas del filme es la charla entre Elio y su padre frente a la chimenea. Una magnífica reflexión sobre la importancia de atreverse, de vivir, y de abrazar el dolor, no reprimirlo, para poder abrazar también la alegría. Una maravillosa lección de vida con la que es imposible no emocionarse.

«(…) Nos desprendemos de tantas cosas propias para poder curarnos lo más rápido posible que a la edad de treinta ya estamos en bancarrota y cada vez tenemos menos que ofrecer cuando empezamos una nueva relación con alguien. Sin embargo, no sentir nada por miedo a sentir algo es un desperdicio.»

El filme, basado en la novela homónima del escritor André Aciman, consiguió cuatro nominaciones a los Oscar, entre las que se encontraban las categorías de mejor película y mejor actor (Chalamet), para finalmente llevarse la estatuilla de mejor guion adaptado. Recientemente se ha anunciado que habrá secuela de la película, se llamará ‘Find me‘ (Encuéntrame) y transcurrirá 10 años después de la historia original. Su director, Luca Guadagnino, ha afirmado al diario italiano ‘La Repubblica’ que Chalamet y Hammer serán sus protagonistas. Qué ganas de verla.

 

Fuente: kike vega on Unsplash

Desde hace unos años, hacer deporte es un imprescindible en mi rutina diaria. Me ayuda a sentirme bien, a soltar adrenalina y a mantenerme en forma. Con el inicio del confinamiento, a mediados de marzo, decidí probar con el yoga. El yoga es un arte milenario con un sinfín de beneficios, entre los que se encuentra la reducción del estrés y la ansiedad, la mejora del rendimiento, el fortalecimiento de huesos y músculos y la mejora de la flexibilidad y de la calidad del sueño.

Desde entonces, cada mañana, después de desayunar, hago mi práctica de yoga siguiendo a Xuan Lan Yoga o a Malova Elena. Practicarlo diariamente ha mejorado mi flexibilidad, la tonificación de mis músculos y me ha enseñado a respirar conscientemente. Sé que no estoy descubriendo nada y muchos de vosotros ya seréis ‘yoguis’, pero a los que no lo habéis probado os animo a hacerlo. En mi caso, lo que empezó siendo una vía de escape del encierro se ha convertido en un hábito diario que me hace sentir bien.

 

 

L-O-V-E ha sido la canción que más ha sonado en mi Spotify durante el mes de marzo. Sonó por casualidad mientras escuchaba una lista de reproducción y, desde entonces, no ha dejado de hacerlo. La canción data de 1965 y su autor original es Natural King Cole, cantante y pianista de jazz americano. Esta es la versión de Frank Sinatra, aunque también ha sido versionada en otras ocasiones por diferentes artistas. Una de las versiones más conocidas es la de la cantante Joss Stone, quien puso voz al cortometraje publicitario de la fragancia Coco Mademoiselle de Chanel, protagonizado por Keira Knightley. En él, la actriz británica daba vida a una Coco Chanel moderna.

 

Fuente: Aaron Burden on Unsplash

Uno de mis propósitos del 2020 fue escribir cada día. Lo cumplí durante varias semanas pero, poco a poco, la pereza pudo con el hábito y cada vez escribía menos. A mediados de marzo, con el inicio de la cuarentena, decidí retomarlo como forma de liberación, como una herramienta que me ayudase a gestionar esa montaña rusa emocional que la mayoría vivimos estos días. Plasmar los pensamientos en el papel, sobre todo esos que nos preocupan o angustian, hacen que lo veamos todo con una perspectiva diferente y nos ayuda a relativizar. También es importante no imponérnoslo como una obligación. No pasa nada si un día no te apetece escribir.

A día de hoy sigo escribiendo mi diario de cuarentena, tratando de cumplir cada día pero sin forzarme el día que no me apetece hacerlo. Estoy segura de que dentro de unos años, cuando esta crisis pertenezca al pasado, me gustará volver a leer todo lo que aprendí y sobre lo que reflexioné durante estas semanas.

 

El 24 de marzo, Disney+ se estrenó en España. Tras varios días resistiéndome, acabé sucumbiendo y me suscribí a la plataforma. Comencé viendo los cortos animados, donde descubrí ‘Piper‘, un maravilloso cortometraje de Disney y Pixar que cuenta la historia de una pequeña gaviota que se enfrenta a sus miedos para aprender a alimentarse por sí misma. Su moraleja es la importancia de perder el miedo y atreverse para crecer, para avanzar en la vida. Durante sus 3:20 minutos de duración no hay un solo diálogo, pero ni falta que hace, su preciosa fotografía y la magistral forma de contar historias de Disney y Pixar son una muestra más de que ‘una imagen vale más que mil palabras’.

El corto, dirigido por Alan Barillaro, se emitió junto a ‘Buscando a Dory’, la secuela de ‘Buscando a Nemo’, y fue galardonado con el Oscar al mejor cortometraje animado en 2018. Si queréis verlo en calidad 4k, está disponible en la plataforma de Disney+.

 


#YoMeQuedoEnCasaFestival
es una iniciativa nacida en pleno confinamiento con la misión de animar a la gente a quedarse en casa mejorando su estancia con la mejor música nacional. Cada fin de semana organiza conciertos acústicos de los mejores artistas y grupos nacionales desde su casa a través de directos de Instagram en los perfiles de los artistas. En esta iniciativa han participado artistas de la talla de Coque Malla, Mikel Erentxun, Andrés Suárez, La Pegatina o Guitarricadelafuente.

En su playlist oficial de Spotify podéis escuchar las mejores canciones de los artistas invitados y en su cuenta oficial de Instagram los conciertos de cada fin de semana. Es una manera preciosa de acercar la música de nuestros artistas nacionales a nuestras casas, a través de conciertos acústicos, en estos momentos en los que miles de conciertos han tenido que ser cancelados.

 

Fuente: Kira auf der Heide on Unsplash

Un capuccino con espuma y canela. Desayunar sin prisas. Los 40 minutos de yoga. Tomar el sol en la terraza. Leer con la lluvia de fondo. Volver a pintar con acuarelas. Las videollamadas de los viernes. Dormir más y, a poder ser, en sábanas recién lavadas. Las videollamadas con mi abuela. Dibujar con Ludovico Einaudi de fondo. Aprender a cocinar platos nuevos. Hacer limpieza de carrete y recordar buenos momentos. Ver las películas clásicas que tenías pendientes desde hace tiempo. La luz de las 17h en el dormitorio. El aplauso sanitario de las 20h. La sonrisa de mi vecino durante el aplauso. Las clases de zumba en el salón. Las sesiones beauty cualquier día de la semana. La felicidad de las pequeñas cosas.

 

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