ARTE,  CULTURA

Van Gogh Alive The Experience

La exitosa exposición multimedia que ha recorrido las principales ciudades del mundo se expone en el Ateneo Mercantil de Valencia hasta el próximo 20 de octubre

«Para hacer un buen trabajo uno debe comer bien, tener una buena casa, tener aventuras amorosas de vez en cuando, fumar su propia pipa y tomar su propio café en paz». Con esta frase del célebre pintor holandés Vincent Van Gogh da comienzo la exposición multimedia Van Gogh Alive The Experience. La exposición, que aterrizó en Valencia hace unos meses tras pasar por ciudades como Berlín, San Petersburgo, Pekín o Tel Aviv, se localiza en el Ateneo Mercantil de Valencia, donde estará hasta el próximo 20 de octubre.

La exposición constituye un viaje en el tiempo a finales del siglo XIX. La combinación entre la tecnología de vanguardia y el arte del pintor holandés da lugar a una experiencia multisensorial envolvente en la que imágenes, música, luz, movimiento y colores sumen al espectador en la atmósfera artística y psicológica de Van Gogh. El viaje comienza en Zundert (Holanda), el pueblo natal del artista, y recorre las principales ciudades que marcaron su trayectoria pictórica, como París o Arles, a la vez que muestra la evolución de su pintura. Desde la oscuridad de su primera etapa hasta los colores intensos y vibrantes de su época en la Provenza francesa, pasando por la luz característica de su etapa parisina.

Entre sus salas también se encuentra una recreación de su habitación de Arles, protagonista de una de las obras más famosas del pintor: Dormitorio de Vincent en Arles (1888); y una sala de arte, donde se proyectan tutoriales en vídeo que enseñan a los asistentes las técnicas de dibujo utilizadas por el pintor.

Su historia

Vincent Van Gogh (1853-1890) fue un pintor situado entre el impresionismo y el post impresionismo, aunque también utilizó técnicas expresionistas en sus últimas obras. Nació en Zundert (Holanda), en el seno de una familia de clase media. Era el mayor de seis hermanos, entre los que destacaba su hermano Theo, con el que mantuvo una relación muy estrecha a lo largo de su vida y que se convirtió en un pilar fundamental en su carrera artística.

Su primer trabajo fue como marchante de arte en la galería Goupil & Cie gracias a que su tío era uno de los socios. Durante su estancia en la galería se familiarizó con el mundo del arte: aprendió el funcionamiento del negocio de la compraventa de arte y conoció de cerca todo lo relacionado con el sector. Trabajó en diferentes filiales de la galería: La Haya, Londres y París. En 1876, cuando se encontraba en la filial de París y coincidiendo con una mala racha sentimental, fue despedido y su puesto fue ocupado por su hermano Theo. Vincent regresó a Holanda y durante los años posteriores la incertidumbre protagonizó su vida. Vagó por diferentes trabajos -profesor, vendedor en una librería- y comenzó a relacionarse con los más pobres, lo que despertó su vocación de ayuda y le animó a iniciar, aunque sin éxito, sus estudios teológicos. También le animó a viajar a Mons (Bruselas) como misionero evangélico, donde conoció de primera mano las duras condiciones de vida de los mineros de la zona.

 

Etapa artística

En 1880, con 27 años, Vincent van Gogh se inició en la pintura inspirado por los movimientos impresionistas y post impresionistas del siglo XIX. Ese mismo año inició sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Bruselas, donde estudió dibujo y perspectiva; por lo que, en contra de lo que muchos defienden, no fue un autor estrictamente autodidacta. Su carrera artística duró diez años, los cuales pueden dividirse en tres etapas pictóricas que coinciden con sus estancias en tres lugares: Holanda, París y Arles.

La etapa realista (1880-1886) se corresponde a sus inicios en la pintura y se desarrolló en Holanda, su país natal. Sus primeras obras se inspiraron en los mineros, campesinos y obreros que había conocido durante su época de misionero evangélico en Mons. Van Gogh reflejó las duras condiciones de vida de estos colectivos a través de colores oscuros, sombras y pinceladas gruesas. Los comedores de patatas (1885), considerada por muchos como la primera gran obra del pintor, es una clara muestra de la técnica que caracteriza su primera etapa pictórica.

«Los comedores de patatas» (1885)

 

En 1886 se trasladó a París, donde comenzó su segunda etapa pictórica: la parisina (1886-1887). En la Ciudad de la Luz conoció a un gran elenco de artistas impresionistas y post impresionistas, como Monet, Gauguin, Toulouse-LautrecSignac, quienes influyeron notablemente en su obra. París se reflejó en sus pinturas: la oscuridad dio paso a la luz, a los colores claros y luminosos; las pinceladas ligeras sustituyeron a las gruesas y las temáticas impresionistas comenzaron a protagonizar sus pinturas. El arte japonés también le inspiró en esta época: comenzó a copiar láminas japonesas que terminarían inspirando muchas de sus futuras pinturas.

«Terraza de un Café en Montmartre» (1886)

 

Su etapa en Arles (1888-1890), la soleada Provenza francesa, llenó a Van Gogh de vitalidad y esto se reflejó en sus obras. Los colores intensos, entre los que destaca el amarillo; los dibujos deformados, inexactos; y las pinceladas ondulantes son características de esta etapa. En este momento, sus obras se acercaban más al expresionismo que al impresionismo: Van Gogh trató de ir más allá de la mera apariencia de los lugares y objetos que plasmaba en sus obras, trató de profundizar en ellos, de indagar en su alma.

La casa amarilla es una de las pinturas más conocidas de esta etapa. En ella, Van Gogh pinta su casa del norte de Arles, lugar en el que convivió durante un tiempo con el también pintor Paul Gauguin. Una noche de diciembre de 1888, tras los muros de la casa de ventanas verdes, tuvo lugar la anécdota más conocida del pintor: Van Gogh se cortó la oreja. La teoría más generalizada defiende que ocurrió durante el transcurso de una discusión con Gauguin, en la que Van Gogh le amenazó con una navaja de afeitar y seguidamente, en señal de arrepentimiento y como intento de expiar su culpa, se cortó el lóbulo de la oreja. Muestra de este incidente son los autorretratos del pintor en los que aparece con la oreja vendada.

«La casa amarilla» (1888)

En esta casa pintó algunas de sus obras más famosas, como la serie Girasoles o Dormitorio de Vincent en Arles. Esta última pintura plasma una habitación muy distorsionada, reflejo de la inestabilidad emocional que acompañó al artista durante toda su vida y que comenzó a empeorar durante su temporada en este pueblo de la Provenza.

«Dormitorio de Vincent en Arles» (1888)

Dramático final

Los últimos años de vida del pintor estuvieron marcados por los problemas psiquiátricos. Permaneció ingresado durante un año en el hospital psiquiátrico de Saint-Rémy-de-Provence, donde sus crisis fueron en aumento. Allí pintó Noche Estrellada, una de sus obras más famosas –si no la más–, que plasma la vistas desde el hospital en el que estaba internado. Abandonó Saint-Rémy en mayo de 1890 sin haberse recuperado y se trasladó al pueblo Auvers-sur-Oise (Francia), en el que era supervisado por el Doctor Paul Gachet. Allí comenzó a trabajar de forma frenética dibujando los amplios paisajes de los alrededores de esta localidad gala.

Su depresión empeoró y de acuerdo con la versión oficial, el 27 de julio de 1890 se suicidó disparándose en un campo. Van Gogh falleció dos días después de este trágico episodio, el 29 de julio de 1890. Otras versiones, como la defendida por Gregory White Smith y Steven Naifeh en el libro Van Gogh: la vida, apuntan a la posibilidad de que el pintor no se suicidase, sino que recibiese un disparo de un joven del pueblo de forma accidental, hecho al que Van Gogh respondería atribuyéndose el disparo para no incriminar al joven. De acuerdo con las pruebas obtenidas en el lugar de los hechos, la segunda de las hipótesis parece la más lógica, ya que, entre otras cosas, las heridas de bala estaban situadas en el abdomen y en el pecho, lugares extraños para alguien que desea acabar con su vida.

 

Éxito tardío

En la actualidad, las obras de Van Gogh alcanzan los millones de dólares en subastas privadas, pero hubo un momento en el que apenas gozaban de relevancia en el mercado del arte. El pintor holandés tan solo vendió tres de sus cuadros en vida y eso pese a que fue uno de los artistas más prolíficos de su época: en los 10 años que duró su carrera artística produjo más de 2.000 obras de arte entre pinturas, dibujos y bocetos. La venta más conocida fue la de El viñedo rojo, adquirido en 1890 por Anna Boch, una pintora y coleccionista de arte belga, por 400 francos, que equivaldría a unos 1.600 euros. Los otras dos pinturas vendidas fueron: Puente de Clichy, adquirido por 250 francos, y un autorretrato del pintor adquirido por los marchantes de arte británicos Sulley & Lori.

Sus obras no comenzaron a adquirir relevancia en el mundo del arte hasta después de su fallecimiento y todo fue gracias a Johanna Van Gogh-Bonger, su cuñada y esposa de su hermano Theo. Theo Van Gogh falleció 6 meses después de su hermano Vicent, dejando 200 cuadros y más de 600 cartas en herencia a su esposa. Johanna, de 28 años, viuda y con un hijo a su cargo decidió dar a conocer al mundo la obra de su cuñado. Organizó exposiciones para vender las pinturas y recopiló, ordenó y tradujo la correspondencia entre Theo y Vincent. De esa correspondencia nació «Cartas a Theo», un libro biográfico que recoge una selección de las cartas enviadas por el pintor a su hermano, en las que muestra abiertamente sus emociones, anhelos y aspiraciones.

«Retrato del Doctor Gachet» (1890)

Años después, el hijo de Johanna y Theo y sobrino del pintor, siguió la estela de su madre y creó la Fundación Vincent Van Gogh y el primer museo del artista.

Gracias a Johanna el mundo conoció a Van Gogh como el gran artista de su siglo que fue, pero la verdadera revalorización de sus pinturas no se produjo hasta los años 80 del siglo XX. En 1987, el magnate japonés Yasuo Goto adquirió uno de los cuadros de la serie Girasoles, Jarrón con catorce girasoles (1888), por 39,9 millones de dólares. Tres años más tarde, en 1990, el óleo Retrato del Doctor Gachet (1890) fue vendido por 82,5 millones de dólares al empresario japonés Ryoei Saito, duplicando la cifra anterior. Así es como la pintura del que fue su doctor durante su estancia en Auvers-sur-Oise se convirtió en la obra mejor pagada de Van Gogh y en una de las mejor pagadas de la historia.

 

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