CULTURA,  LITERATURA

Tara Westover: el ejemplo de cómo la educación te puede cambiar la vida

Una Educación recoge las memorias personales de su autora, Tara Westover, una mujer que consiguió doctorarse en Cambridge sin haber asistido nunca a la escuela. La novela narra la historia de su infancia y adolescencia en un hogar en el que el fanatismo religioso, la desinformación, la ignorancia, la violencia y el machismo eran los protagonistas del día a día. Esta obra de no ficción se ha convertido en un bestseller mundial y ha sido reconocida como uno de los libros más importantes del año por la BBC, el Daily Express y The New York Times, entre otros.

Tara Westover nació en las montañas de Buck’s Peak en Clifton (Idaho, Estados Unidos) en el seno de una familia mormona, perteneciente al movimiento de Los Santos de los Últimos días. Su padre, un hombre fanático, estricto y autoritario, que sufría trastorno de bipolaridad y tenía tendencia a la obsesión, era el propietario de un desguace de chatarra. Su madre, una mujer que renunció a su vida acomodada y a su educación por amor, se dedicaba a las hierbas medicinales y al oficio de partera. Tara y sus seis hermanos crecieron en las montañas como niños salvajes y asilvestrados, totalmente ajenos a la civilización.

 

Sobrevivencialismo mormón

Su familia era seguidora del sobrevivencialismo mormón, survivalism en inglés, un movimiento formado por individuos que se preparan para la llegada de los Días de Abominación, es decir, para la llegada del fin del mundo. Los Westover lo hacían a través de la preparación y almacenamiento de alimentos envasados y del acopio de armas, munición y combustible. La noche del 31 de diciembre de 1999 fue un día destacado en el hogar de los Westover, todos estaban listos para la llegada del fin del mundo, del colapso mundial para el que habían estado preparando durante años. Pero esa noche no sucedió nada, lo que supuso un duro golpe para su padre. Tara relata en su novela cómo lo vivió: «La decepción que reflejaban sus rasgos era tan infantil que por un momento me pregunté por qué Dios le había negado eso».

Los Westover vivían al margen del sistema. El padre consideraba que el mundo estaba corrompido y sus instituciones conspiraban secretamente para lavar el cerebro de la sociedad; motivo por el que rechazaba que sus hijos asistieran a la escuela y recibieran asistencia médica cuando estaban enfermos. Todas las enfermedades eran tratadas con remedios naturales que preparaba la madre, desde un simple resfriado hasta episodios graves. Durante la niñez de Tara, la familia sufrió dos graves accidentes de coche y no acudieron al hospital en ninguna de las dos ocasiones. Y esto pese a que, en uno de ellos, la madre sufrió una grave conmoción cerebral que la dejó meses en cama. Consideraban a los médicos «agentes del Estado maligno».

Tara y sus hermanos ayudaban en el desguace de chatarra de su padre, un lugar muy peligroso, tanto por el trabajo en sí como por la actitud de su padre, que dejaba todo peligro a la voluntad de Dios. Consideraba que Dios no permitiría que se hiciesen daño y si lo permitía, era porque ese era su deseo.

 

Estudios universitarios

La infancia y adolescencia de Tara transcurrió entre tinturas y chatarra. Nunca había pisado una escuela. No recibió educación reglada. Aprendió a leer y a escribir en casa. Lo sabía todo acerca de la historia del mormonismo, pero desconocía las nociones más básicas de geografía, historia, literatura o biología.

Su primer examen fue el de ingreso en la Universidad Birgham Young (BYU), con 17 años. Su hermano Tyler (seudónimo), quien años antes había decidido estudiar, rompiendo la tradición familiar, la animó a presentarse. Compró los libros con sus pequeños ahorros y comenzó a estudiar para cumplir su deseo: dirigir el coro de la iglesia. Por las mañanas trabajaba en el desguace y por las noches estudiaba. Su padre no aprobaba su elección, para él su lugar estaba en esa casa, en el desguace y ayudando a su madre. Pero Tara quería más, su inquietud la animaba a estudiar, aunque para su padre, como ella misma afirma en la novela, su curiosidad fuese una «obscenidad», «una ofensa a cuanto él había sacrificado para criarla».

Su ingreso en la BYU supuso un verdadero choque cultural. Se independizó y convivió con otras chicas que no profesaban la religión de una forma tan estricta como su familia y lo más importante, a través de la educación el mundo se abrió ante ella. Aprendió qué era el Holocausto y el Movimiento de Derechos Civiles. Conoció todo aquello que le habían silenciado durante años; la desinformación en la que vivió sumida durante toda su vida desapareció. La universidad le amplió los horizontes, le hizo madurar personal e intelectualmente, tanto que el mundo le parecía más grande y le costaba imaginarse de regreso a la montaña.

Tras graduarse magna cum laude en Arte en 2008, ganó la prestigiosa beca Gates Cambridge y realizó una estancia en Harvard. Finalmente, Tara regresó a la Universidad de Cambridge para doctorarse en Historia en 2014.

 

Descubrimiento del feminismo

Cuando Tara le comunicó a su padre su intención de ir a la universidad, este le respondió que «el lugar de la mujer era su casa». Tara creció con la creencia de que la mujer es inferior al hombre. No tenía más que mirar a su referente femenino más cercano: su madre. Una anécdota muy ilustrativa de esta creencia y de su valiente inconformismo se recoge en la novela y muestra su posición respecto al tema:

«Desde que había comprendido que mi hermano Richard era un niño y yo una niña, había querido cambiar mi futuro por el suyo. El mío era la maternidad; el suyo la paternidad. Parecían similares, pero no lo eran. Uno implicaba decidir. Presidir. Llamar a la familia al orden. El otro significaba contarse entre los llamados al orden.

Sabía que mi deseo no era normal. Esa certeza, al igual que gran parte del conocimiento de mí misma, me había llegado con la voz de personas a las que conocía, a las que quería. Esa voz me había acompañado a lo largo de los años, queda, sorprendida, inquietante. Me decía que yo no estaba bien. Que mis sueños eran perversiones. La voz poseía numerosos timbres e innumerables tonos. A veces era la de mi padre; con mayor frecuencia, la mía»

Tara descubrió el feminismo en Cambridge. Leyó a Simone de Beauvoir, Mary Wollstonecraft y Betty Friedan, entre otras autoras. A través de sus textos consiguió poner palabras al «desasosiego que sentía desde la infancia». La frase de John Stuart Millon sobre la naturaleza de la mujer que afirmaba que «Es punto este sobre el cual no se sabrá nada definitivo» resonó especialmente en ella. El histórico sometimiento femenino había imposibilitado definir las aspiraciones y capacidades femeninas. A Tara jamás le había confortado tanto la ausencia de conocimiento.

 

Ruptura con su familia

Pese a lo que pueda parecer, el verdadero motivo que causó la ruptura de la relación de Tara con su familia, no fue el abandono de la religión mormona o su decisión de estudiar, fue la reacción de sus padres a la confesión de los malos tratos que sufrió durante años de uno de sus hermanos.

La relación con Shawn (seudónimo) fue un conflicto vivo durante toda su adolescencia. Él no aceptaba que se convirtiese en una mujer y le propinaba agresiones físicas y psicológicas a diario. Sus padres lo sabían, pero siempre lo pasaron por alto. Defendían la teoría de que aquello que no reconoces no es real. Pero lo era, tan reales eran sus agresiones como el sufrimiento de Tara, quien llegó a temer por su vida. Pero lo superó, y esa superación paso por poner voz a las agresiones de su hermano y por acatar la decisión de sus padres, lo que irremediablemente ocasionó la ruptura en su relación.

 

«Una educación» es una historia de superación. Una historia conmovedora que invita a la reflexión desde la humildad de su prosa, a través de una exposición sencilla y clara, nada pretenciosa. Es un alegato a favor de la importancia de la educación en nuestras vidas, la cual constituye una puerta hacia el conocimiento, encargado de darnos acceso a las herramientas necesarias para formar nuestro pensamiento crítico y comprender el mundo que nos rodea y a nosotros mismos. Es, en definitiva, una maravillosa novela de una mujer brillante.

 

«Podéis llamarlo transformación. Metamorfosis. Falsedad. Traición.

Yo lo llamo una educación».

Tara Westover

 

Autor imagen principal: Paul Stuart (vía BBC) / Imágenes de Tara: BBC

 

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2 Comentarios

  • Merche Camacho

    Me ha encantado Sandra!

    Además del diseño del blog -sencillo y limpio para facilitar la concentración solo en la lectura- me gusta mucho lo que escribes y como lo escribes, hasta el punto de que me apunto el libro Una Educación para leerlo porque has despertado mi curiosidad.

    Además creo que está muy bien planteada la relación a través de las redes sociales para llegar a un lugar adecuado, sin duda, para mentes inquietas como la tuya.

    ¡Enhorabuena y me quedo por aquí!

    • sandrallopis

      ¡Muchas gracias Merche!

      Me alegra mucho que te guste la web y el artículo.

      Seguro que la disfrutas, es una novela que te marca y te hace pensar. Ya me contarás qué te ha parecido cuando tengas ocasión de leerla 🙂

      ¡Un fuerte abrazo!